Argentina La Nación - D. Batlle En la avalancha de secuelas, remakes o simples reciclajes con la que Hollywood intenta barrer la falta de nuevas ideas, una versión remozada -avances tecnológicos mediante- de la saga de películas y series basadas en "El planeta de los simios" aparecía como un hecho casi inevitable.
Cuando finalmente se anunció la concreción de este proyec ... Leer más En la avalancha de secuelas, remakes o simples reciclajes con la que Hollywood intenta barrer la falta de nuevas ideas, una versión remozada -avances tecnológicos mediante- de la saga de películas y series basadas en "El planeta de los simios" aparecía como un hecho casi inevitable.
Cuando finalmente se anunció la concreción de este proyecto largamente demorado, la buena noticia fue que el director sería Tim Burton, uno de los artistas más creativos, sorprendentes y desenfadados del cine estadounidense. El realizador de "Batman", "El joven manos de tijeras", "Ed Wood" y "La leyenda del jinete sin cabeza" aparecía entonces como la elección perfecta para una remake del film original de 1968, que está considerado como un clásico del cine clase B de ciencia ficción, género al que Burton además ya había homenajeado en "¡Marte ataca!".
Sin marca autoral
Pero "El planeta de los simios" versión 2001, más allá de su espectacularidad y de su correcta realización, deja la indisimulable sensación de ser un producto por encargo, en el que prácticamente no se vislumbra ninguna marca autoral de un director que ha hecho del tema de la marginación y persecución a los seres diferentes un eje vertebral de su filmografía.
Podrá argumentarse en descargo de Burton que tuvo que firmar un contrato que lo comprometía, entre otras cosas, a no superar las dos horas de duración y a evitar deslices para conseguir una calificación "apta para mayores de 13 años". Tampoco tuvo el corte final, se vio obligado a filmar múltiples retomas luego de los testeos y a realizar varias otras concesiones para que este tanque de 100 millones de dólares de costo se convirtiera en el éxito comercial que el estudio Fox tanto necesitaba.
Así, más allá de las simpáticas escenas con que se abre y se cierra la película, "El planeta de los simios" resulta una película impecable e incuestionable, pero que adolece de la fuerte mirada crítica, del desparpajo creativo y hasta de los bienvenidos excesos propios de Burton.
En esta historia futurista, los simios han evolucionado (¿o involucionado?) hasta el extremo de esclavizar a los humanos bajo el tiránico liderazgo del general Thade (otro de los malvados caricaturescos de Tim Roth), un militar que intenta terminar con las "debilidades" democráticas del Senado y con los activistas por los derechos de los humanos como Ari (Helena Bonham-Carter).
En ese convulsionado planeta aterriza de emergencia el capitán Davidson (Mark Wahlberg), que al poco tiempo se convertirá en el líder de la rebelión humana contra el sojuzgamiento de los primates devenidos en la encarnación del mal. Si la película no convence demasiado por la banalización y simplificación de personajes demasiado estereotipados, la peor parte la lleva Wahlberg, que no alcanza a transmitir el carisma del típico héroe de aventuras ni a funcionar como el vértice masculino de un patético triángulo amoroso que completan la simia Ari y la bella e inexpresiva modelo Estella Warren.
En el terreno interpretativo, en el que tampoco se luce (algo raro en el cine de Burton) el comic-relief que está puesto en el cobarde y advenedizo mono Limbo (Paul Giamatti), lo más emotivo resulta el cameo -homenaje de Charlton Heston, que fuera protagonista del largometraje original.
Claro que para compensar los baches dramáticos y actorales, allí está un verdadero seleccionado de cotizados especialistas capaces de conseguir otra proeza técnica. Esta vez, incluso por encima de los eficaces efectos visuales de la Industrial Light & Magic de George Lucas, de la iluminación en pantalla ancha del fotógrafo francés Philip Rousselot ("La reina Margot"), de la imponente banda sonora de Danny Elfman -habitual colaborador del director-, o del vestuario de Collen Atwood, se destaca el consagratorio trabajo del maquillador Rick Baker (en carrera hacia su séptimo Oscar), capaz de hacer de estos simios parlantes y avanzados personajes tan creíbles como temibles.
El principal ausente es, entonces, el propio Burton, que construyó con su habitual sentido cinematográfico algunas secuencias de gran potencia (como la batalla entre monos y hombres), pero al que se extraña demasiado en un producto convencional que podría haber sido filmado por cualquier director dócil y previsible de los que abundan en Hollywood.
Diego Batlle
Fuente: La Nación - D. Batlle
Increíble!