Argentina La Nación - D. Batlle Esta quinta película de la saga de "Star Wars" y segunda entrega en términos estrictamente cronológicos se ubica un escalón por encima del discreto "Episodio 1" presentado tres años atrás, aunque reincide en los problemas que hicieron extrañar el encanto y el magnetismo de la primera trilogía, realizada entre 1977 y 1983.
Si bien en "El ... Leer más Esta quinta película de la saga de "Star Wars" y segunda entrega en términos estrictamente cronológicos se ubica un escalón por encima del discreto "Episodio 1" presentado tres años atrás, aunque reincide en los problemas que hicieron extrañar el encanto y el magnetismo de la primera trilogía, realizada entre 1977 y 1983.
Si bien en "El ataque de los clones" George Lucas concibe una gran historia de amor entre el aspirante a caballero Jedi Anakin Skywalker (Hayden Christensen ) y la ex reina de Naboo y ahora senadora Padmé Amidala (Natalie Portman), introduce en la hora final un necesario villano de fuste (el conde Dooku, interpretado por el gran Christopher Lee) y le otorga un mayor protagonismo al entrañable maestro Yoda en detrimento del patético Jar-Jar Binks, el guionista y director vuelve a fallar a la hora de construir los principales ejes dramáticos (nunca ha sido un gran escritor de diálogos), pasa de la banalidad a la solemnidad sin escalas ni matices intermedios y comete algunos imperdonables errores de casting, empezando por la incorporación del insulso Christensen en el papel protagónico.
"El ataque de los clones" deja una sensación de gran artificialidad, de ser un producto construido a partir de conceptos y fórmulas esquemáticas que se unen sin la menor naturalidad: es como si se tratara de un collage de escenas (ya sean espectaculares o mediocres) pegadas con bastante desprolijidad; es decir, sin alcanzar jamás una continuidad armoniosa.
Como contrapartida, Lucas vuelve a fascinar con algunas secuencias de acción (la persecución inicial en medio de una atestada ciudad futurista a la "Blade Runner", duelos intergalácticos en un campo plagado de asteroides, multitudinarias batallas entre el ejército de clones de la República y las fuerzas separatistas) que fueron filmadas con nuevas cámaras de alta definición y posproducidas con todos los avances de la tecnología digital en el terreno de los efectos visuales y de sonido a partir de un generoso presupuesto superior a los 120 millones de dólares.
Los chicos crecen
Diez años han pasado en la vida de los personajes desde el "Episodio 1": el niño Anakin, tomado por Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) para su instrucción, se ha convertido en un adolescente impredecible, díscolo y arrogante que desafía los estrictos códigos de la orden de los Jedi y tiende a seguir más los impulsos de sus sentimientos antes que la lógica de la razón.
Es el carilindo Anakin el que seducirá a Amidala (otro notable trabajo de esa talentosa actriz que es Portman), intentará rescatar a su madre secuestrada y desafiará a sus superiores en un camino que -los fanáticos que siguen la saga ya lo saben- lo llevará hacia el lado oscuro de la fuerza y lo convertirá en el malvado Darth Vader. Esta evolución (o involución) psicológica del personaje de Anakin está trabajada con un trazo tan grueso y una exageración tales que parecería como si el propio Lucas desconfiara hasta de la más mínima capacidad intelectual de los espectadores más pequeños.
En una película que se sustenta en un elemental enfrentamiento entre las fuerzas del bien y del mal se vuelve a extrañar la simpatía y el carisma de, por ejemplo, el Han Solo que Harrison Ford interpretó en la primera trilogía, Lucas apuesta a una épica romántica en la línea de "Titanic", en la que la apuntada inexpresividad del novato Christensen conspira contra la natural seducción de Portman. La sobriedad de actores como McGregor o Samuel L. Jackson o el enfrentamiento entre dos poderosos contrincantes como Dooku y Yoda (la mejor escena del film, saludada en las exhibiciones con público por una ovación) le aportan a "Episodio 2" un atractivo extra que no tenía la película anterior.
Esta entrega permitirá a los fanáticos ir terminando de armar el rompecabezas que Lucas inició hace un cuarto de siglo empezando por la mitad de la historia: se irá viendo cómo la República, de origen democrático, pudo devenir en un imperio dictatorial, o cómo incidirá en Anakin el trauma edípico que lo aqueja. Elementos, condimentos que pueden pasar inadvertidos para los no iniciados, pero que han ayudado a convertir a "Star Wars" en uno de los mitos populares más perdurables y exitosos de la historia del cine.
Diego Batlle
Fuente: La Nación - D. Batlle